Esperanza o incertidumbre: Ni una ni la otra!

Desde la fundación de la Segunda República en 1949, Costa Rica ha celebrado un total de 19 procesos de elecciones nacionales. El pasado 1.° de febrero, Costa Rica eligió de manera contundente a su presidenta, en medio de un contexto ambiguo, si de análisis concienzudo se trata.

En medio de duros cuestionamientos al establishment político y la institucionalidad del país, el primer mandatario, Rodrigo Chaves, empezó a sumar caudal político a favor de una fórmula que ya de por sí era nueva en el ambiente político, como también sus seguidores, que poco a poco se fueron sumando a la tesis de quien con palabras altisonantes y poco ortodoxas encausaba una campaña electoral atípica y digna de análisis para las futuras generaciones.

En primer lugar, cabe señalar que la campaña del oficialismo no necesitó mayor agitación, pues la figura presidencial ya gozaba de la aprobación de la mayoría y solo un empujón disimulado pero certero haría que la mayoría fuera a las urnas para confirmar la victoria que ya muchos vaticinaban.

Cuando tratamos de ubicar al actual gobierno y el partido político que llevará a Laura Fernández a la silla presidencial dentro del espectro político, es menester posicionarlo en la centro derecha conservadora, lo cual generaría una oposición acérrima por parte de la izquierda, representada por el PLN, y el Frente Amplio, que ya nos ha tenido acostumbrados a los discursos más extremistas y marxistas posibles, aunado a una vacuna llena de temor ideológico que evidenció una reacción adversa del electorado.

Muchos de los temores infundados por parte de la izquierda tienen que ver con una eventual dictadura de extrema derecha, debido principalmente a un sinnúmero de críticas y burlas al sistema por parte del presidente y por indicios de querer anular las voces disidentes. Aunado a esto, habría que llevar a la mesa del análisis el deseo y constante llamado al pueblo costarricense de votar por el continuismo con al menos 40 escaños en la asamblea legislativa de 57 posibles, para darle casi el absoluto poder al brazo político del «chavismo».

¿Tiene la izquierda costarricense la razón o se trata de una dialéctica propia del más oscuro marxismo?

En cualquier latitud, donde poseamos la vista y nos encontremos con el poder absoluto desde el músculo político, nos encontraremos con caos, opresión y violación a los derechos humanos. No es asunto de izquierda o derecha, pues ambas tesis en la praxis de la mente más retorcida siempre terminan con desorden en su versión más apocalíptica.

Más de 10 años de análisis político, desde su marketing y hasta su puesta en marcha, me indican que es muy temprano para saber con exactitud cuál será el futuro próximo de Costa Rica y su gobierno, pues es de sabios y prudentes llegar a una conclusión, y esta es que la política, en su pragmatismo, es tan volátil como incierta. Así que ninguna promesa política debería tomarse como un hecho, como tampoco ningún temor o advertencia infundada debería ser tomado en serio, cual profecía mesiánica.

Deberemos estar expectantes y esperanzados en que la nueva presidente de Costa Rica, Laura Fernández, tomará el timón para llevar esta barcaza a buen puerto y, de no ser así, asumir una posición crítica, responsable, pero por sobre todo, democrática.

El aparato estatal aún funciona y goza del respeto y admiración de propios y extraños; dependerá de nosotros como pueblo que esto siga así por muchas décadas más o hasta que Cristo venga.

Cualquier argumento lleno de temor o algarabía extrema no debería tomarse en serio.

Insisto: la política hoy día es volátil e incierta y son pocas las conclusiones definitivas que se pueden asumir en algunos de sus contextos.

¡Que Dios tome el control de Costa Rica!

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