En el horizonte se otean ya nuevas tendencias de consumo que terminarán reverberando en la publicidad durante los próximos meses.
2026 ha echado a andar siendo más bien parvo en buenas noticias. Sin embargo, y pese a que el inicio de 2026 ha sido algo lóbrego, parece en los meses venideros la esperanza terminará anidando en un consumidor que tiene, al fin y al cabo, muchas ganas de emerger de las sombras.
En el horizonte se otean ya nuevas tendencias de consumo que terminarán reverberando también en la publicidad. Y algunas de esas tendencias de consumo (cruciales a la postre para la industria publicidad) han sido diseccionadas por el instituto de investigación de mercados Rheingold:
1. La nueva sobriedad
El consumidor actual no mira tanto al futuro como al presente que tiene frente así y está dispuesto a bregar con las consecuencias de su propia realidad presente. Cada vez más consumidores están adoptando una visión realista (y ajena a todo atisbo de idealismo) de su propia situación y actuando con pragmatismo dentro de las posibilidades disponibles. Este tipo de actitud constituye obviamente un reto para la industria publicitaria, que suele beber de las promesas (huérfanas a menudo de suficiente enjundia) y atiza normalmente los deseos del consumidor. A la luz de este nuevo contexto pródigo en desafíos para las marcas, la publicidad debería huir de las promesas vacías y concentrarse en su lugar en soluciones pragmáticas para el día a día (sin alardear de las posibilidades infinitas de sus productos y estableciendo límites muy claros).
2. El atractivo de los pasos pequeños (pero firmes)
El consumidor no quiere ya esconderse de las malas noticias que salen a su paso y está dispuesto a forjar su propio destino, pero no de golpe, sino dando pequeños pasos. En un momento (en modo casual) en que libro Hábitos atómicos de James Clear es un «bestseller» en todo el mudo, la gente busca estrategias (relativamente fáciles de poner en práctica) que posibiliten cambios concretos en sus propias vidas. Esa tendencia choca de nuevo frontalmente con los principios por los que se rige habitualmente la publicidad, por lo que las marcas deben dejar atrás las grandes promesas, hace promesas más modestas y en el mejor de los casos convertir sus propios productos y servicios en pequeñas tareas perfectamente asumibles. No se trata de solicitar al consumidor un gran esfuerzo (emocional y financiero) por su parte, sino de poner a su disposición productos provistos de un valor añadido meridianamente claro y huérfanos de grandes barreras. ¿El objetivo? Que para el consumidor acercarse a una marca en particular suponga solo un pequeño paso.
3. Asumir responsabilidades
El consumidor actual está dispuesto a asumir responsabilidades por los cambios que desea implementar en su propia vida. Y las marcas pueden responder a la creciente predisposición de consumidor a tomar las riendas de su propia vida brindándoles oportunidades de dar alas a su propio crecimiento personal con la inestimable ayuda de sus productos y ofreciéndole asimismo la posibilidad de participar activamente en el desarrollo de los productos y servicios.
4. La búsqueda de símbolos poderosos
En un momento en el que todo está a merced de profundísimos cambios, el consumidor busca activamente los símbolos (incluso si tales símbolos son marcadamente espirituales y casi esotéricos). El anhelo de símbolos por parte del consumidor puede ser obviamente explotado por la publicidad, que debe abandonar el modo crisis en el que ha estado instalada hasta ahora para otorgar mayor relevancia a la vitalidad y el optimismo en sus mensajes, en los que puede y debe abrirse paso el simbolismo.
5. El azar puede convertirse en oportunidad
El consumidor está más presto que antes que a responder al caos que reina en el mundo en los tiempos que corren con más flexibilidad y también con más sentido del humor. Y en este sentido, las marcas deben ser también más flexibles en su comunicación y confiar en mayor medida en su intuición.
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