Los logros del gobierno de Rodrigo Chaves se apoyan, sobre todo, en una combinación de estabilidad macroeconómica, mejora reciente en algunos indicadores sociales y avances visibles en infraestructura. Sin embargo, ese balance no puede leerse de forma aislada: durante el mismo periodo también crecieron la violencia criminal, la confrontación con otros poderes del Estado y las controversias judiciales alrededor del oficialismo.
Ese contraste explica por qué la administración 2022–2026 deja una huella política tan particular en Costa Rica: una gestión que puede exhibir resultados económicos concretos, pero que también profundizó la polarización institucional y el debate sobre los límites del poder presidencial.
Logros del gobierno de Rodrigo Chaves en la economía
El principal activo político del Ejecutivo fue el frente económico. La OCDE señaló en 2025 que la economía costarricense venía mostrando un desempeño favorable, impulsado por manufactura y servicios de mayor valor agregado. En la misma línea, el Banco Central de Costa Rica estimó que el PIB habría crecido 4,6% en 2025, por encima del año previo.
Además, la inflación dejó atrás el shock global posterior a la pandemia. Los registros del IPC del BCCR muestran que el país pasó de la presión inflacionaria internacional a un escenario de mayor estabilidad de precios. Para el gobierno, ese resultado se convirtió en una prueba de disciplina macroeconómica; para sus críticos, también influyeron factores externos y la propia política monetaria autónoma del Banco Central.
Reducción de pobreza y desempleo
Otro de los puntos que el oficialismo suele destacar es la mejora social reciente. El INEC reportó en 2024 que la pobreza de los hogares bajó a 18,0%, mientras que en 2025 volvió a descender a 15,2%, con una reducción también en pobreza extrema. En paralelo, el desempleo cerró 2025 en 6,3%, según datos del INEC.
Estos datos fortalecieron la narrativa de eficiencia gubernamental. No obstante, incluso organismos como la OCDE advierten que Costa Rica todavía enfrenta retos estructurales en empleo, productividad y sostenibilidad fiscal, por lo que el alivio estadístico no equivale automáticamente a una transformación profunda del modelo económico.
Infraestructura: obras visibles y proyectos destrabados
En infraestructura, el gobierno sí consiguió exhibir obras concretas. Entre las más visibles estuvo la apertura del paso inferior en La Galera, una intervención que el MOPT presentó como un alivio para decenas de miles de conductores diarios. También avanzó el proyecto Taras–La Lima, donde el ministerio habilitó en 2024 el paso elevado de Taras y reportó avances relevantes en el intercambio de La Lima.
En paralelo, el MOPT informó que el proceso licitatorio del tramo central de la carretera hacia San Carlos seguía su marcha en 2025, un proyecto históricamente sensible para la conectividad del norte del país. A eso se sumó el programa PROERI, con decenas de obras simultáneas en infraestructura resiliente.
Turismo, exportaciones e inversión extranjera
El turismo también se recuperó con fuerza. Según datos divulgados por Presidencia, 2023 cerró con 2.471.150 turistas, superando el nivel de 2019. Después, documentos del ICT señalaron que el país volvió a superar la barrera de los 3 millones de llegadas internacionales, consolidando la recuperación del sector.
En comercio exterior, los números reforzaron esa imagen de dinamismo. COMEX informó que Costa Rica alcanzó récords en exportaciones de bienes en 2025, mientras que CINDE destacó nuevas inversiones y reinversiones en áreas estratégicas como ciencias de la vida, manufactura avanzada y servicios corporativos. En otras palabras, la administración logró gobernar en un contexto donde el país siguió siendo atractivo para capitales vinculados a dispositivos médicos y operaciones de alto valor.
Simplificación, gestión pública y narrativa anti-burocracia
Rodrigo Chaves construyó buena parte de su capital político bajo una promesa: confrontar la lentitud estatal. En ese marco, su administración impulsó una narrativa permanente contra la burocracia, defendió la agilización de trámites y sostuvo decisiones de alto impacto simbólico, como la eliminación de las pruebas FARO, anunciada al inicio del mandato.
Esa estrategia le permitió conectar con un electorado cansado de la tramitomanía. Pero también reforzó un estilo de gobierno más confrontativo, que convirtió el conflicto político en parte de su identidad pública.
El otro lado del balance: seguridad, choques institucionales y causas judiciales
Ahora bien, los logros del gobierno de Rodrigo Chaves no pueden separarse de sus costos políticos. En seguridad, Costa Rica llegó a registrar en 2023 una cifra récord de homicidios, en medio del auge del narcotráfico y del crimen organizado, según reportes de Reuters y análisis regionales posteriores.
Al mismo tiempo, la confrontación con el Poder Judicial, la prensa y sectores de la Asamblea Legislativa se volvió una constante del periodo. A eso se añadieron investigaciones por presunto financiamiento ilícito de campaña y otros expedientes que escalaron hasta instancias judiciales superiores, de acuerdo con reportes de Reuters y AP.
Conclusión: una administración de resultados y fricción
En términos estratégicos, el gobierno de Rodrigo Chaves deja una conclusión clara: su mayor fortaleza fue la economía y la capacidad de mostrar obra visible; su mayor debilidad, en cambio, fue la seguridad y la relación con la institucionalidad democrática.
No se trató de un gobierno convencional. Fue una administración que combinó crecimiento, recuperación y ejecución con una narrativa de choque permanente. Por eso, su legado probablemente no será leído solo en términos de cifras, sino también como el reflejo de una época en la que Costa Rica empezó a experimentar un liderazgo más personalista, más disruptivo y más polarizante.
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