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Por Andrés Ramírez/Dircom
“Lo que sabemos es una gota; lo que ignoramos es un océano”. La frase de Isaac Newton no solo describe el conocimiento humano, sino también el estado actual del sistema financiero global frente a la irrupción de la inteligencia artificial y los activos digitales.
Estamos entrando en una etapa donde las Fintech ya no son disruptores marginales, sino arquitectos silenciosos de una nueva estructura de poder económico. La conversación ha dejado de ser sobre innovación y ha pasado a ser sobre control: control del dato, del riesgo, del crédito y, en última instancia, del comportamiento financiero de millones de personas.
De la herramienta al sistema: cuando la tecnología deja de ser neutral
Durante décadas, el sistema financiero fue un mecanismo rígido, dominado por instituciones que operaban como guardianes del acceso al capital. Hoy, ese sistema se reconfigura desde dentro, impulsado por la inteligencia artificial.
La IA no es solo una herramienta. Es un sistema de decisión. Y cuando un sistema decide, inevitablemente introduce una nueva forma de poder. Como advertía Michel Foucault, el poder no siempre se impone; muchas veces se infiltra, se normaliza y se vuelve invisible.
Las Fintech entienden esto mejor que nadie. Automatizar procesos no es solo reducir costos; es rediseñar quién accede al crédito, quién queda fuera y bajo qué condiciones se define el riesgo.
El dinero deja de ser físico, pero no deja de ser político
El auge de los activos digitales, las stablecoins y la tokenización no es un fenómeno meramente tecnológico. Es un cambio estructural en la naturaleza del dinero.
Durante siglos, el dinero ha sido una herramienta de poder estatal. Hoy, ese monopolio comienza a fragmentarse. Nuevos actores, desde empresas tecnológicas hasta plataformas descentralizadas, están construyendo rieles financieros paralelos.
Como señaló Friedrich Hayek, “no creo que volvamos a tener buen dinero antes de sacarlo de las manos del gobierno”. Sin embargo, la realidad actual es más compleja: el dinero no está saliendo del control, está migrando hacia nuevas formas de control.
La pregunta no es si los activos digitales reemplazarán al sistema tradicional. La pregunta es quién diseñará las reglas de ese nuevo sistema.
La ilusión del acceso: inclusión o nueva dependencia
Uno de los grandes argumentos a favor de las Fintech es la inclusión financiera. Y es cierto: millones de personas que antes estaban fuera del sistema hoy pueden acceder a crédito, pagos digitales o inversión.
Pero toda inclusión tiene un costo. Cuando el acceso depende de algoritmos, el poder se traslada a quienes diseñan esos algoritmos. Y como advertía Hannah Arendt, el verdadero riesgo no está en la concentración del poder, sino en la incapacidad de cuestionarlo.
¿Qué ocurre cuando un sistema automatizado decide que alguien no es “apto” para crédito? ¿Qué ocurre cuando la lógica de eficiencia reemplaza la lógica de equidad?
La nueva frontera: velocidad, escala y asimetría
La combinación de IA y activos digitales introduce tres variables que redefinen el juego: velocidad, escala y asimetría.
Velocidad, porque las decisiones financieras se toman en milisegundos. Escala, porque esas decisiones afectan a millones simultáneamente. Asimetría, porque no todos los actores tienen acceso a la misma información ni a la misma capacidad tecnológica.
En este entorno, la competencia ya no es entre bancos y Fintech. Es entre quienes entienden el sistema y quienes simplemente lo usan.
El nuevo equilibrio: entre innovación y control
El informe de McKinsey señala que la industria Fintech ha entrado en una etapa donde la rentabilidad, la resiliencia y la gestión del riesgo son más importantes que el crecimiento desmedido. Esto no es una desaceleración. Es una consolidación.
Las Fintech están dejando de ser experimentos para convertirse en infraestructura. Y la infraestructura, como la historia ha demostrado, define el poder.
Newton entendía que cada acción tiene una reacción. En el mundo Fintech, cada avance tecnológico genera una respuesta regulatoria, política o económica. La cuestión es si esa reacción llegará a tiempo.
El futuro no será distribuido, será disputado
Existe una narrativa optimista que presenta la tecnología como un factor democratizador. Pero la historia sugiere lo contrario: cada revolución tecnológica redistribuye el poder, pero no lo elimina.
La inteligencia artificial y los activos digitales no están creando un sistema más libre. Están creando un sistema más complejo.
Y en ese sistema, como en todos los anteriores, habrá ganadores y perdedores.
La diferencia es que esta vez, las reglas del juego no se están escribiendo en los parlamentos ni en los bancos centrales. Se están escribiendo en líneas de código.
Sobre el autor
Andrés Ramírez es especialista en Periodismo y Marketing Político por la Universidad de Ávila, Madrid, y en Mercadeo por la Universidad Juan Pablo II. Es Director del programa “Sin Anestesia” en Radio Costa Rica y consultor internacional en comunicación digital e inteligencia artificial aplicada. Desde 2018, se desempeña como director y redactor en Impacto Noticias CR.
Bibliografía y fuentes:
- McKinsey & Company – The Next Age of Fintech: AI, Digital Assets and New Paths to Success
- McKinsey & Company – The Transformational Power of Tokenizing Assets
- Bank for International Settlements (BIS) – Annual Economic Report
- World Economic Forum – The Future of Financial Services
- International Monetary Fund (IMF) – AI and the Future of Finance
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