La empresa tecnológica estadounidense OpenAI afirmó que bloqueó cuentas rusas e iraníes que utilizaban ChatGPT para difundir propaganda falsa sobre los conflictos en Ucrania y Oriente Próximo mediante identidades falsas de periodistas.
OpenAI reveló este jueves que desmanteló dos operaciones de influencia, una rusa y otra iraní. Según la compañía, ambas utilizaban ChatGPT para impulsar perfiles ficticios de periodistas y gestionar un think tank con el que difundían propaganda de forma encubierta.
La operación rusa habría difundido mensajes contra Ucrania, mientras que la red iraní buscaba alimentar la división política y social en Estados Unidos e Israel en el contexto de la guerra en Irán.
El informe representa otro ejemplo de cómo los actores estatales pueden aprovechar herramientas de inteligencia artificial ampliamente disponibles para producir y difundir propaganda sofisticada contra sus adversarios a gran escala.
La información trascendió a través de diversos medios internacionales.
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Dos operaciones de influencia coordinadas
OpenAI identificó las actividades tras analizar el uso de sus servicios y detectar cuentas vinculadas con campañas de influencia. La empresa bloqueó las cuentas implicadas y comunicó sus hallazgos como parte de sus esfuerzos para limitar el uso abusivo de la inteligencia artificial.
La compañía informó que bloqueó un grupo de cuentas de ChatGPT originadas en Rusia e Irán. Según OpenAI, esas cuentas respaldaban entidades pantalla dedicadas a difundir mensajes geopolíticos y contenidos relacionados con distintos conflictos.
Falsos periodistas y propaganda encubierta
Las operaciones utilizaban ChatGPT para generar contenido, desarrollar identidades falsas y organizar mensajes destinados a parecer información periodística independiente. El objetivo consistía en aumentar la credibilidad de narrativas favorables a los intereses de las redes responsables.
La operación iraní incluía siete perfiles falsos de periodistas. Cada perfil se presentaba como procedente de un país occidental, entre ellos Estados Unidos, y sus responsables los utilizaron para colocar artículos extensos en medios de comunicación de todo el mundo.
La creación de perfiles ficticios dificulta que los usuarios identifiquen el origen real de los mensajes. También puede presentar propaganda política como si se tratara de cobertura informativa legítima.
El alcance de la operación iraní
“Hemos identificado cerca de 100 artículos publicados o difundidos con las firmas de la operación en alrededor de una docena de medios digitales en todo el mundo”, señaló OpenAI.
Según la empresa, se trataba por lo general de medios pequeños o medianos centrados en asuntos internacionales, geopolítica y acontecimientos en Oriente Medio.
OpenAI identificó el artículo más antiguo en julio de 2025 y el más reciente en octubre de 2026. La frecuencia de las publicaciones aumentó después de que la guerra entre Estados Unidos e Irán estallara a principios de este año, de acuerdo con el informe de la compañía.
Actividad en redes sociales
La operación también generó comentarios en redes sociales sobre temas relacionados con la guerra entre Estados Unidos e Irán, añadió OpenAI.
Uno de los personajes, llamado Ervin B. Hoskins, cuya biografía lo presentaba como “un escritor independiente estadounidense”, tenía cuentas en varias plataformas tecnológicas, entre ellas X, propiedad de Elon Musk, e Instagram, propiedad de Meta.
La información de transparencia de X mostraba que la cuenta estaba conectada a través de una “West Asia android app”, mientras que la información de Instagram indicaba que la cuenta tenía su base en Irán, según las capturas de pantalla facilitadas por OpenAI.
Ambas cuentas parecían estar suspendidas.
Entre la actividad en redes sociales también figuraban, según OpenAI, reacciones a la propuesta del eurodiputado ultraderechista polaco Grzegorz Braun de declarar persona non grata en Polonia a quienes mostraran “actitud antipolaca”. La operación habría utilizado esas reacciones en un intento de sembrar divisiones en el país sobre su apoyo a Ucrania.
Una identidad pantalla rusa en América Latina
La operación rusa cooptó a personas que, según OpenAI, no eran conscientes de que trabajaban para un grupo ruso. Estas personas dirigían un think tank llamado Social Research Center (SRC), utilizado en actividades encubiertas destinadas a socavar la reputación de Ucrania en América Latina e influir en la política local.
“Las pruebas disponibles indican que los empleados del SRC en América Latina no eran conscientes de que trabajaban para un grupo ruso”, afirmó OpenAI.
La compañía señaló que el SRC parecía haber producido la mayoría de su contenido original a través de su personal cooptado. Según OpenAI, el caso representa el intento más complejo de gestionar una identidad pantalla que la empresa ha desbaratado en los últimos dos años y medio.
Los responsables utilizaron ChatGPT para redactar informes internos sobre sus actividades, crear contenido para sus operaciones y elaborar documentos sobre el rendimiento del think tank. También emplearon la herramienta para diseñar textos destinados a redes sociales, incluidas publicaciones y comentarios.
El impacto sobre Ucrania, Estados Unidos e Israel
La red rusa centró sus mensajes en el conflicto de Ucrania. La operación iraní, por su parte, difundió contenido destinado a profundizar las divisiones en Estados Unidos e Israel por la guerra en Irán, según la información publicada por OpenAI.
Las campañas de este tipo pueden aprovechar acontecimientos internacionales para difundir rumores, manipular conversaciones públicas y aumentar la polarización. El uso de herramientas de inteligencia artificial permite producir contenido en grandes cantidades y adaptarlo a diferentes audiencias.
OpenAI refuerza el control sobre sus servicios
El bloqueo de estas cuentas forma parte de las medidas de OpenAI contra el uso de ChatGPT para operaciones encubiertas de influencia. La empresa ha señalado que seguirá investigando patrones de abuso y compartiendo información sobre las campañas que detecte.
El caso vuelve a plantear dudas sobre la capacidad de las plataformas digitales para distinguir entre una opinión legítima, una actividad periodística real y una campaña coordinada de propaganda. También subraya la necesidad de verificar el origen de las informaciones que circulan en redes sociales y otros canales digitales.
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