¿Qué hiciste, Infantino? Cuando el fútbol deja de ser para todos

Aficionado observa un partido del Mundial 2026 mientras una etiqueta simboliza el alto costo de las entradas.
El aumento en el precio de las entradas ha reabierto la discusión sobre si el fútbol sigue siendo un deporte accesible para todos.

Por Andrés Ramírez Prado/DIRCOM

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Todos los que amamos el fútbol y hemos vivido un partido en un estadio, un pub o una reunión entre amigos sabemos que, durante noventa minutos, las diferencias desaparecen. No importa quién llegó en el mejor carro, quién tiene más dinero o quién enfrenta mayores dificultades en su vida. Cuando nuestro equipo anota un gol, todos nos abrazamos. Todos gritamos. Todos celebramos. Todos lloramos.

Ese ha sido siempre el verdadero espíritu del fútbol: unir a personas de distintos orígenes bajo una misma pasión.

Sin embargo, da la impresión de que la FIFA ha olvidado parte de esa esencia. El fútbol nunca debería convertirse en un espectáculo reservado para millonarios o para quienes pueden pagar precios cada vez más elevados. El fútbol pertenece a la gente. A las familias, a los trabajadores, a los jóvenes y a los aficionados que encuentran en este deporte una alegría, una identidad y, muchas veces, un refugio en medio de un mundo cada vez más convulso.

Porque el fútbol no nació para excluir. Nació para unir.

Las imágenes de tribunas vacías en algunos partidos del Mundial 2026 deberían ser motivo de reflexión. No porque falte interés por el fútbol, sino porque millones de aficionados simplemente no pueden pagar el costo de estar ahí. Cuando una entrada cuesta más que el salario mensual de muchas personas, el problema no es la pasión de la gente. El problema es el modelo.

Durante décadas, los estadios fueron el lugar donde convivían todas las clases sociales. El ejecutivo y el obrero. El empresario y el estudiante. El político y el trabajador. El gol borraba las diferencias por unos instantes. Hoy, en cambio, pareciera que el acceso al espectáculo está cada vez más condicionado por la capacidad económica.

La FIFA ha construido un negocio extraordinario. Nadie puede negar el éxito comercial del Mundial. Pero existe una diferencia entre hacer rentable el fútbol y convertirlo en un producto inaccesible para quienes le dieron vida durante generaciones.

Porque el verdadero valor del fútbol no está en los palcos corporativos, ni en los contratos multimillonarios, ni en las zonas VIP. Está en la emoción de la gente común. Está en el niño que ahorra para ver a su selección. Está en la familia que organiza su semana alrededor de un partido. Está en el aficionado que viaja miles de kilómetros para cantar durante noventa minutos.

El fútbol es, ante todo, una experiencia humana.

Quizás la FIFA argumente que los precios responden a la demanda y a la magnitud del espectáculo. Tal vez tenga razón desde una lógica empresarial. Pero el fútbol nunca fue solamente un negocio. Su fuerza radica precisamente en que logra conectar a personas que, fuera del estadio, probablemente nunca compartirían el mismo espacio.

Cuando las gradas empiezan a vaciarse mientras los ingresos baten récords, algo se rompe. No en las finanzas. No en los balances. Se rompe el vínculo emocional entre el deporte y quienes lo convirtieron en el fenómeno cultural más grande del planeta.

Los estadios llenos no son solo una cifra para las estadísticas. Son el reflejo de una pasión popular que durante generaciones hizo del fútbol un lenguaje universal.

Porque el fútbol pertenece a la gente mucho antes que a las corporaciones.

Y cuando los estadios comienzan a vaciarse mientras los precios continúan subiendo, quizás sea momento de hacer una pregunta incómoda:

¿Qué hiciste, Infantino?


Sobre el autor

Andrés Ramírez es especialista en Periodismo y Comunicación Política por la Universidad de Ávila, Madrid, y en Mercadeo por la Universidad Juan Pablo II. Es Director del programa “Sin Anestesia” en Radio Costa Rica y consultor internacional en comunicación digital e inteligencia artificial aplicada. Desde 2018, se desempeña como director y redactor en Impacto Noticias CR.


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