La disputa por dos puertos estratégicos ubicados en las entradas del Canal de Panamá ha escalado a un nuevo nivel. Tras perder las concesiones de Balboa y Cristóbal, vinculadas a la empresa hongkonesa CK Hutchison Holdings, China comenzó a intensificar las inspecciones contra buques con bandera panameña, una medida que expertos interpretan como una represalia económica con profundas implicaciones geopolíticas.
Lo que inicialmente parecía una controversia legal entre una empresa portuaria y el Estado panameño se ha convertido en un nuevo capítulo de la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China por el control de infraestructuras estratégicas y rutas comerciales globales.
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¿Por qué China castiga Panamá?
Según datos de la firma británica de seguridad marítima Ambrey Analytics, desde marzo de 2026 las autoridades chinas han incrementado drásticamente las inspecciones a embarcaciones con bandera panameña que llegan a puertos del gigante asiático.
Solo durante abril fueron detenidos 136 buques, una cifra que multiplica por más de seis el promedio registrado durante 2025. En marzo se reportaron otras 96 detenciones, mientras que el total acumulado desde inicios de año alcanza los 272 casos.
Las inspecciones son justificadas por China como controles técnicos rutinarios del Estado rector del puerto. Sin embargo, expertos consideran que existe una clara conexión con la disputa surgida tras la pérdida de las concesiones portuarias de CK Hutchison en Panamá.
Los puertos que desencadenaron el conflicto
La controversia gira alrededor de las terminales de Balboa y Cristóbal, dos de los puertos más importantes situados en los extremos Pacífico y Atlántico del Canal de Panamá.
Durante casi tres décadas, ambas instalaciones fueron operadas por Panama Ports Company, filial de CK Hutchison Holdings, uno de los conglomerados más importantes de Hong Kong.
Sin embargo, la Corte Suprema de Panamá declaró inconstitucionales tanto la concesión original otorgada en 1997 como su posterior extensión en 2021, provocando que el Estado recuperara el control de las terminales.
La decisión fue celebrada por sectores que consideran estratégica la infraestructura portuaria panameña, pero generó una fuerte reacción en Pekín y Hong Kong.
La presión de Trump sobre el Canal de Panamá
El conflicto no puede entenderse sin el contexto de la rivalidad entre Washington y Pekín.
Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump convirtió la presencia china en torno al Canal de Panamá en una prioridad de seguridad nacional para Estados Unidos.
La administración estadounidense expresó reiteradamente su preocupación por la presencia de empresas chinas en infraestructuras críticas cercanas al canal, llegando incluso a plantear escenarios de recuperación del control estratégico de la vía interoceánica.
Aunque el presidente panameño José Raúl Mulino ha insistido en que no existe ninguna injerencia china sobre el canal, la presión estadounidense fue constante durante los últimos meses.
Un mensaje para Panamá y América Latina
Para varios analistas internacionales, las inspecciones masivas a barcos panameños constituyen mucho más que una medida administrativa.
La economista Alicia García-Herrero, investigadora del centro europeo Bruegel, considera que Pekín está enviando una señal clara a Panamá y al resto de la región.
Según su análisis, China busca demostrar que las decisiones que afecten los intereses de empresas chinas o vinculadas a Hong Kong pueden tener consecuencias económicas tangibles.
La estrategia encaja dentro de una política más amplia mediante la cual Pekín utiliza herramientas comerciales, financieras y logísticas para defender sus intereses geopolíticos alrededor del mundo.
La nueva guerra por las rutas comerciales
El Canal de Panamá mueve aproximadamente el 6% del comercio mundial y continúa siendo una de las rutas marítimas más importantes del planeta.
Para China, las terminales de Balboa y Cristóbal formaban parte de una red global de infraestructuras destinada a fortalecer sus cadenas logísticas internacionales y ampliar su presencia económica en América Latina.
La pérdida de estos activos representa un revés estratégico en una región donde Estados Unidos mantiene una influencia histórica.
Por ello, diversos especialistas consideran que el caso Panamá refleja una tendencia cada vez más visible: las grandes potencias ya no compiten únicamente mediante alianzas militares o acuerdos diplomáticos, sino también a través del control de puertos, cadenas de suministro, inversiones estratégicas y rutas comerciales.
«La actuación de China en este caso concreto parece ser un poco más manifiesta y de mayor alcance que lo que hemos visto en las respuestas a las acciones de otros gobiernos», reveló un analista a la BBC de Londres.
En ese contexto, Panamá se ha convertido en el escenario más reciente de una disputa global que va mucho más allá de dos puertos y que podría redefinir el equilibrio de poder en América Latina durante los próximos años.
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