Mientras unos 2.500 policías, soldados y francotiradores fuertemente armados ingresaban por un laberinto de calles estrechas, los tiroteos se escuchaban por todos lados. La escena alcanzó su punto más crítico cuando una bomba cayó desde el cielo con las fuerzas de seguridad como objetivo.
La imagen podría corresponder a una zona de guerra, pero ocurrió en Río de Janeiro, una ciudad reconocida por sus playas y visitada por millones de turistas. El episodio puso de relieve una tendencia que se extiende por América Latina: el uso cada vez mayor de drones por parte del crimen organizado.
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El Operativo Contención en Río de Janeiro
El llamado “Operativo Contención” se llevó a cabo el 28 de octubre pasado en las laderas de las favelas Complexo da Penha y Complexo do Alemão, en Río de Janeiro. La operación estaba dirigida contra las redes del Comando Vermelho (CV), una de las organizaciones criminales más grandes de Brasil, y dejó decenas de muertos.
Sin embargo, el detalle de la bomba que “cayó” del cielo llamó especialmente la atención. El hecho mostró cómo los drones han dejado de ser utilizados únicamente para tareas de vigilancia o contrabando y se han convertido en una herramienta con potencial ofensivo.
De las prisiones a las operaciones armadas
Los primeros usos delictivos de drones en América Latina se registraron principalmente en las prisiones brasileñas. Según Insight Crime, estos dispositivos reemplazaron a las antiguas “palomas mensajeras” que se utilizaban para entregar mensajes y pequeños paquetes.
Desde aproximadamente 2014, se han registrado intentos de utilizar drones para introducir en las cárceles armas, drogas, alimentos, bebidas alcohólicas, teléfonos celulares y otros productos de contrabando. La tecnología ofrecía una vía aérea, relativamente accesible, para superar los controles penitenciarios.
Con el paso de los años, los drones se transformaron en una herramienta habitual del mundo criminal. Paddy Ginn, experto sénior de la Global Initiative against Transnational Organized Crime (GI-TOC), identifica cinco usos principales: vigilancia, logística, ataque, señalización y coordinación.
La expansión de los drones en México y Colombia
Insight Crime también señala que Chihuahua y Guanajuato se han convertido en zonas donde ha crecido la utilización criminal de drones. Además, grupos criminales mexicanos han buscado la experiencia de exmilitares colombianos para mejorar y profesionalizar la adaptación de explosivos a estos dispositivos.
En Colombia, el uso de drones también se ha vuelto frecuente entre grupos disidentes de las FARC. En departamentos como Cauca y Nariño, los ataques dirigidos contra personal e infraestructura del Ejército se han vuelto más habituales.
En la región del Catatumbo, unidades guerrilleras del Ejército de Liberación Nacional (ELN) han equipado drones con sensores de imagen térmica para reforzar sus capacidades de vigilancia durante las 24 horas del día.
Colombia, epicentro de la guerra con drones
Los ataques coordinados en “enjambre” y los drones que sobrevuelan comunidades pueden utilizarse como armas de intimidación psicológica. De acuerdo con un informe citado de ACLED, estas acciones buscan controlar el territorio y debilitar la confianza pública en las fuerzas de seguridad estatales.
Colombia se ha convertido en el epicentro regional de esta tendencia. ACLED registró eventos relacionados con drones armados en 182 municipios de América Latina, de los cuales 97 están en Colombia.
Los casos se concentran principalmente en Cauca, aunque también se han extendido a Norte de Santander, Antioquia, Chocó, Nariño y Bolívar. La mayoría de los incidentes ocurre en localidades rurales próximas a zonas de cultivo de coca o corredores utilizados para el tráfico de drogas.
Un fenómeno que crece rápidamente
Un informe de ACLED destaca que la tecnología de drones se está expandiendo con rapidez dentro y fuera de las fronteras latinoamericanas. La organización registró alrededor de 670 eventos con drones armados desde 2018.
Más del 72 % de esos eventos ocurrió entre el 1 de enero de 2025 y el 21 de agosto de 2026. Estas cifras muestran que el uso de drones armados no es un fenómeno aislado, sino una tendencia que se ha acelerado en los últimos años.
Los grupos criminales también observan los avances tecnológicos de conflictos internacionales. Según un reporte de Insight Crime, las innovaciones desarrolladas durante la guerra en Ucrania, incluidos los drones kamikaze y los drones explosivos guiados por inteligencia artificial, pueden servir como referencia para la innovación criminal en la región.
Cómo pueden responder los gobiernos
La expansión de los drones representa una amenaza compleja para los gobiernos y las fuerzas de seguridad. Paddy Ginn sostiene que no existe una solución única y que las respuestas eficaces deben combinar regulación, detección, interdicción, inteligencia y cooperación en todo el sistema.
El experto también advierte que los drones no deben considerarse únicamente un problema técnico. Forman parte de un proceso más amplio de innovación delictiva, por lo que las estrategias de respuesta deben tomar en cuenta el contexto criminal, territorial y tecnológico en el que son utilizados.
Este texto es un extracto adaptado de un reportaje de CNN. Se mantienen las referencias a las fuentes citadas en el material original.
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