Clarus vuelve a aparecer en iOS 27: el guiño de Apple a una era en la que el diseño también explicaba la tecnología

Clarus, la mascota del Macintosh, aparece como easter egg en iOS 27
Clarus, la histórica mascota del Macintosh, vuelve como un easter egg oculto en iOS 27.

Apple ha recuperado una tradición que parecía relegada a otra etapa de su historia: esconder referencias culturales y técnicas dentro de sus sistemas operativos. iOS 27 incluye un pequeño homenaje a Clarus, el perro-vaca asociado durante décadas con el Macintosh y con una época en la que una imagen podía cumplir una función pedagógica tan importante como la de un manual.

El hallazgo no cambia el funcionamiento del iPhone ni desbloquea una herramienta especial. Su interés está en otro lugar: conecta el lenguaje visual de Liquid Glass con una cultura de producto en la que Apple prestaba atención incluso a los elementos que la mayoría de los usuarios nunca llegaría a buscar.


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Cómo encontrar el homenaje a Clarus en iOS 27

Para localizarlo es necesario tener el iPhone actualizado a iOS 27. Después, hay que seguir estos pasos:

  1. Abre Ajustes.
  2. Entra en Apariencia.
  3. Pulsa sobre Liquid Glass.
  4. Desplázate hasta la primera imagen de muestra, identificada con el texto “Bienvenido al Apple Park”.
  5. Sigue pasando las imágenes una por una hasta llegar a la última.
  6. Continúa deslizando. En la barra de búsqueda aparecerá “¡Moof!” y la imagen cambiará para mostrar a Clarus.

Si las opciones no aparecen, conviene comprobar que la actualización se haya instalado correctamente y que el modelo sea compatible con iOS 27. El recorrido es inofensivo y no modifica los datos del dispositivo.

Clarus, una mascota con una función concreta

Clarus nació en 1984 como un glifo del entorno gráfico del Macintosh. Con el tiempo se convirtió en una mascota interna de Apple, especialmente reconocida por los desarrolladores, aunque nunca alcanzó entre el público general la notoriedad de otros símbolos de la compañía.

Su importancia, sin embargo, no era meramente decorativa. Clarus se utilizaba para explicar la orientación correcta al imprimir imágenes y documentos desde un Mac. La ilustración permitía entender cómo debía colocarse el contenido para evitar que el texto saliera volteado, un problema que hoy suele resolver automáticamente cualquier PC, pero que en los años ochenta no era tan sencillo.

Ese detalle revela una diferencia importante entre aquella informática y la actual. Las interfaces de entonces no solo tenían que ejecutar una tarea: también debían enseñar al usuario cómo funcionaba. Clarus era, al mismo tiempo, una mascota, una señal visual y una solución de diseño para una limitación técnica.

El regreso de una idea de producto

La actualización de Clarus para iOS 27 funciona porque no intenta convertirlo en una función. Apple lo presenta como un hallazgo, no como una herramienta. Esa decisión recupera una forma de comunicación menos utilitaria, en la que el sistema operativo también podía contener una capa de memoria, humor y reconocimiento hacia quienes conocían la historia del producto.

La referencia aparece dentro de Liquid Glass, uno de los espacios más visibles del nuevo lenguaje visual del sistema. El contraste es deliberado: una interfaz contemporánea sirve de marco para una imagen que nació como un mapa de bits y que estaba vinculada a un problema muy concreto de impresión.

El significado del guiño en la etapa de Ternus

El easter egg también encaja con una Apple más centrada en el hardware, la ingeniería y el desarrollo de producto que la etapa asociada a John Ternus ha contribuido a reforzar. No se trata de atribuirle personalmente cada decisión estética, sino de observar cómo la compañía intenta recuperar una identidad basada en la integración entre tecnología, diseño y experiencia de uso.

En ese contexto, Clarus es una referencia más reveladora de lo que parece. Recuerda que el diseño de Apple no siempre consistió en hacer que la tecnología desapareciera detrás de una interfaz limpia. En sus primeros años, también consistía en explicar sus límites de manera comprensible y, cuando era posible, hacerlo con personalidad.

Un huevo de Pascua sin utilidad práctica, pero con valor cultural

Apple llevaba tiempo sin recurrir a este tipo de detalles en sus sistemas operativos. El regreso de Clarus no anuncia una función ni resuelve una necesidad urgente; ofrece algo menos tangible: una continuidad histórica.

Para los usuarios que recuerdan el Macintosh original, el personaje actúa como una cápsula del tiempo. Para quienes no conocen su origen, es una puerta de entrada a una etapa en la que una ilustración podía explicar una operación técnica antes de que el software automatizara casi todo.

Ahí está el valor diferencial de este huevo de Pascua. No demuestra que Apple haya vuelto a ser la compañía de 1984, ni pretende compensar la complejidad de sus productos actuales. Pero sí sugiere que, incluso en un sistema dominado por transparencias, animaciones y automatismos, todavía hay espacio para una referencia que premie la curiosidad del usuario.

Una pequeña señal sobre cómo Apple quiere ser recordada

Clarus no sirve para nada en iOS 27, y precisamente por eso resulta interesante. Su presencia no responde a una lógica de productividad, rendimiento o inteligencia artificial. Responde a una lógica cultural: recordar que los productos tecnológicos también construyen símbolos y que los detalles aparentemente secundarios pueden sobrevivir a varias generaciones de software.

Para encontrarlo, entra en Ajustes > Apariencia > Liquid Glass, recorre las imágenes y sigue deslizando hasta que aparezca “¡Moof!”. El resultado dura apenas unos segundos, pero resume una idea que Apple parece haber dejado atrás durante años: a veces, un sistema operativo también puede contar de dónde viene.

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