Según informó Euronews, el Gobierno de Donald Trump estudia un acuerdo para comprar potasa a Bielorrusia. La propuesta busca conseguir fertilizantes a menor precio y reducir la dependencia de Canadá, aunque también podría acercar a Washington a uno de los principales aliados de Moscú.
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La potasa entra en la disputa comercial con Canadá
Trump ha señalado que el fertilizante bielorruso sería considerablemente más barato que el canadiense. La posibilidad de cambiar de proveedor aparece en un momento de creciente tensión comercial con Ottawa y coloca a la potasa, un insumo esencial para la agricultura, en el centro de una disputa que combina precios, seguridad alimentaria y geopolítica.
La potasa es una sal rica en potasio utilizada principalmente para fabricar fertilizantes. Favorece el crecimiento de los cultivos y mejora su rendimiento. Canadá suministra la mayor parte de la potasa que consumen los agricultores estadounidenses, por lo que cualquier intento de diversificar ese origen tendría consecuencias comerciales relevantes.
El posible acuerdo pondría a prueba la relación con Minsk
Bielorrusia figura entre los mayores productores mundiales de potasa. Sin embargo, la Unión Europea mantiene prohibidas las importaciones de este producto y ha congelado los activos de Belaruskali, el productor estatal del país.
El eventual acuerdo con Washington no sería únicamente una operación de abastecimiento. También pondría a prueba la disposición de Estados Unidos a flexibilizar su relación económica con Minsk, en medio de un acercamiento entre ambos gobiernos.
Las negociaciones encabezadas por el enviado estadounidense John Coale han coincidido con el indulto de cientos de presos políticos por parte del presidente bielorruso Alexander Lukashenko. A cambio, Estados Unidos ha relajado algunas sanciones contra empresas bielorrusas, incluida la industria de la potasa.
El precio del fertilizante frente al costo geopolítico
La lógica del acuerdo parece clara: Bielorrusia obtendría un alivio económico y diplomático, mientras Washington buscaría una fuente potencialmente más barata para un producto estratégico. Pero el costo político también es evidente.
Minsk sigue siendo un aliado estrecho de Rusia. Además, permitió que Moscú utilizara su territorio como plataforma para la invasión de Ucrania en 2022 y, más recientemente, autorizó maniobras nucleares conjuntas.
Por eso, la posible compra de potasa mostraría hasta qué punto la administración Trump está dispuesta a separar sus objetivos económicos de las alianzas y sanciones que han definido la respuesta occidental a Rusia y a su entorno.
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