La ampliación del BRICS incorporó a Etiopía, Irán, Arabia Saudita, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, varios de ellos señalados por restricciones a la libertad religiosa. El cambio importa porque aumenta el peso económico y geopolítico del bloque, mientras plantea una pregunta estratégica: ¿podrá el BRICS ganar influencia global sin que sus intereses comerciales oculten las denuncias de persecución contra cristianos y otras minorías?
El BRICS crece y cambia el equilibrio del poder mundial
El BRICS nació en 2006 con Brasil, Rusia, India y China. Sudáfrica se incorporó posteriormente, y el grupo pasó a representar una plataforma de cooperación económica, financiera y política para países emergentes.
Tras una cumbre celebrada en Johannesburgo, el bloque invitó a nuevos miembros. Desde el 1 de enero de 2024, Etiopía, Irán, Arabia Saudita, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos forman parte oficialmente de la organización. Argentina, invitada durante la gestión de Javier Milei, decidió no aceptar la propuesta.
La expansión amplía el acceso del BRICS a recursos energéticos, rutas comerciales, mercados de consumidores y posiciones estratégicas en África, Asia y Oriente Medio. También refuerza su capacidad para promover mecanismos financieros alternativos y reducir la dependencia de instituciones dominadas por Occidente.
Persecución cristiana en el BRICS: ¿qué hay detrás?
La afirmación requiere contexto. No todos los miembros del BRICS aplican la misma política religiosa ni pueden clasificarse de manera uniforme. Sin embargo, varios países del bloque ampliado han sido señalados por organizaciones internacionales por limitar la libertad de culto, perseguir a conversos o tolerar ataques contra comunidades cristianas.
Cuatro de los nuevos integrantes tienen al islam como religión predominante y varios aparecen mencionados en la Lista Mundial de Vigilancia de los Cristianos, publicada por Portas Abertas. Esto convierte la composición del bloque en un asunto no solo religioso, sino también diplomático y de derechos humanos.
Etiopía revela cómo la violencia religiosa se mezcla con los conflictos internos
Etiopía es un país mayoritariamente cristiano, pero sus comunidades religiosas han sufrido violencia en medio de conflictos étnicos y políticos. En febrero de 2023, un ataque contra una iglesia ortodoxa en Shashamane dejó tres cristianos muertos y al menos cuatro heridos.
Además, un informe de Amnistía Internacional documentó fosas comunes en el norte del país, vinculadas con la masacre de cientos de personas en la región de Tigray. El caso demuestra que la persecución religiosa puede combinarse con guerras internas, desplazamientos y luchas por el control territorial.
Irán mantiene bajo presión a los cristianos conversos
Irán mantiene un sistema político y religioso que restringe la práctica pública de credos distintos al islam. Los cristianos conversos y quienes realizan actividades misioneras pueden enfrentar vigilancia, interrogatorios, detenciones y procesos judiciales.
Entre los casos difundidos figura el de Bita Rezaei, fundadora del instituto Casa de la Bondad para niños con discapacidades. Según el relato publicado sobre su caso, fue arrestada, interrogada y sufrió una lesión en la espalda durante su encarcelamiento. Tras su liberación, se trasladó a Alemania junto con su hijo y continuó compartiendo su testimonio cristiano.
Arabia Saudita y Egipto muestran dos modelos de restricción religiosa
Arabia Saudita tiene al islam como religión oficial y limita de forma significativa la práctica pública de otras religiones. Aunque existen trabajadores y residentes de distintos credos, las expresiones religiosas no musulmanas están sujetas a restricciones. El Informe Anual sobre Libertad Religiosa Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos para 2021 señaló un deterioro de la libertad religiosa en el país.
En Egipto, la Iglesia Copta Ortodoxa representa a una importante minoría cristiana. La comunidad copta ha enfrentado ataques, intimidación y obstáculos para la renovación de iglesias. La situación evidencia la distancia que puede existir entre el reconocimiento formal de una comunidad religiosa y su protección efectiva.
Emiratos Árabes Unidos ofrece apertura diplomática, pero no libertad plena
Los Emiratos Árabes Unidos son un país mayoritariamente musulmán, con una población sunita predominante y una comunidad chiita concentrada principalmente en Sharjah y Dubái.
En 2020, el país firmó los Acuerdos de Abraham, que establecieron vínculos formales con Israel y proyectaron una imagen de apertura diplomática. Esa apertura exterior no elimina, sin embargo, las restricciones internas que afectan a la práctica religiosa y a la libertad de expresión.
China e India concentran el mayor peso religioso y estratégico del bloque
China e India fueron miembros fundadores del BRICS y aportan una parte sustancial de su población, producción industrial y capacidad política. Las tensiones religiosas en ambos países tienen, por tanto, consecuencias que trascienden sus fronteras.
India: nacionalismo religioso y violencia contra cristianos
En India, comunidades cristianas han denunciado ataques, intimidación y violencia atribuidos a grupos hindúes radicales. El crecimiento del nacionalismo religioso ha aumentado la presión sobre las minorías en algunas regiones y ha convertido la libertad de culto en un asunto relevante para la política exterior del país.
China: control estatal sobre iglesias y pastores
En China, el Partido Comunista mantiene un control estricto sobre las organizaciones religiosas. Diversos informes han señalado la demolición de iglesias, la detención de pastores y la presión para adaptar la práctica cristiana a la ideología oficial. El modelo chino prioriza la subordinación institucional de la religión al Estado.
¿El BRICS se convertirá en un bloque contra el cristianismo?
La expansión del BRICS no prueba la existencia de una política común contra el cristianismo. Sus miembros tienen intereses económicos, energéticos y estratégicos distintos, y no todos aplican las mismas restricciones religiosas.
La preocupación está en otro punto: si la cooperación económica y política crece sin incorporar estándares claros de derechos humanos, las denuncias de persecución podrían quedar relegadas frente a los intereses comerciales. Para las organizaciones cristianas, el desafío será mantener la presión internacional sin convertir la defensa de la libertad religiosa en una herramienta de confrontación geopolítica.
El verdadero impacto será financiero, diplomático y estratégico
El BRICS ampliado puede aumentar su influencia en el comercio, la energía, las finanzas internacionales y las instituciones multilaterales. Su diversidad también puede dificultar la adopción de posiciones comunes sobre democracia, libertades civiles y derechos de las minorías.
La estrategia del bloque parece concentrarse en ganar autonomía frente a Occidente y fortalecer la cooperación entre gobiernos no occidentales. Esa agenda puede avanzar incluso cuando sus miembros discrepan profundamente sobre religión, seguridad y gobernanza.
Qué podría pasar ahora con el BRICS y la libertad religiosa
El siguiente escenario dependerá de si el bloque se limita a coordinar intereses económicos o intenta convertirse en una plataforma política más cohesionada. Cuanto mayor sea su influencia, mayor será también el escrutinio sobre la conducta interna de sus miembros.
Si el BRICS evita pronunciarse sobre la persecución religiosa, las organizaciones cristianas y otros grupos minoritarios buscarán presión en foros internacionales alternativos. Si incorpora compromisos verificables sobre libertad de culto, podría demostrar que su expansión no implica necesariamente una renuncia a los derechos humanos.
Conclusión: más poder para el BRICS, más preguntas sobre sus valores
La ampliación convirtió al BRICS en una fuerza económica y diplomática más influyente, pero también reunió a países con historiales muy distintos en materia de libertad religiosa. El bloque no es automáticamente una alianza contra el cristianismo; sí es una coalición donde los derechos de las minorías podrían quedar subordinados a la lógica del poder.
Lo que ocurra ahora tendrá consecuencias más allá de la religión. El futuro del BRICS dependerá de si consigue transformar su peso económico en legitimidad política sin ignorar las denuncias de persecución, la libertad de culto y la protección de los derechos humanos.
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