Trump pierde aliados globales antes de las elecciones intermedias

Simpatizantes de Flávio Bolsonaro muestran su apoyo a Donald Trump durante la campaña electoral en Brasil
Los simpatizantes del candidato presidencial brasileño Flávio Bolsonaro mostraron durante la campaña electoral su entusiasmo por Donald Trump. Imagen: Alexandre Meneghini/REUTERS.

Bolsonaro no llegó al poder en Brasil, el bloque de Aleksandar Vučić perdió terreno en Serbia y Benjamin Netanyahu enfrenta una posición más débil en Israel. Los resultados electorales registrados en distintos países representan un revés político para varios dirigentes cercanos a Donald Trump, aunque todavía no permiten anticipar qué ocurrirá en las elecciones legislativas de Estados Unidos.

La cita electoral estadounidense está prevista para el martes 3 de noviembre de 2026. Ese día, los ciudadanos elegirán a sus representantes en el Congreso en unas elecciones intermedias que pondrán a prueba el respaldo al presidente.

Actualmente, los republicanos conservadores aliados de Trump controlan la mayoría en ambas cámaras. Sin embargo, las derrotas de candidatos y movimientos afines al mandatario estadounidense en otros países ofrecen a sus adversarios un argumento político: el trumpismo puede mantener capacidad de movilización, pero no garantiza victorias fuera de Estados Unidos.

En un análisis publicado por Deutsche Welle, el escenario se presenta como una pérdida de aliados internacionales para Trump, aunque el medio advierte que los resultados extranjeros no permiten anticipar por sí solos el comportamiento del electorado estadounidense.


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Brasil y Serbia dan la espalda a los aliados de Trump

En Serbia y Brasil, los votantes eligieron opciones del espectro político de izquierda. En el primer caso, la Lista de Estudiantes desplazó al bloque asociado con el presidente Aleksandar Vučić. En el segundo, Luiz Inácio Lula da Silva derrotó a Flávio Bolsonaro, candidato respaldado por el entorno político de la familia Bolsonaro.

Los dos resultados tienen contextos nacionales diferentes. Serbia atraviesa una etapa de movilización estudiantil y desgaste del partido gobernante, mientras Brasil continúa dividido entre el proyecto político de Lula y el movimiento construido por Jair Bolsonaro.

Aun así, ambos comicios tienen una lectura común para Trump: sus aliados perdieron elecciones en las que contaban con una estructura política consolidada y con respaldo internacional de sectores conservadores.

La derrota de Flávio Bolsonaro afecta a Trump

El entorno político de Donald Trump había apostado por un triunfo de Flávio Bolsonaro en Brasil. El mandatario estadounidense mantenía una relación cercana con Jair Bolsonaro, expresidente brasileño y figura de referencia para la derecha conservadora del país.

La victoria de Lula dejó a Trump frente a un escenario incómodo. El presidente estadounidense cuestionó el proceso electoral brasileño y calificó los resultados de “desgracia”, aunque no presentó pruebas públicas que demostraran irregularidades.

El resultado también dificulta la posibilidad de que Washington construya una relación política fluida con el nuevo Gobierno brasileño. Lula, que regresó al poder con una plataforma de izquierda, mantiene diferencias con Trump en asuntos de política exterior, comercio, regulación y democracia.

Lawrence J. Haas, especialista en política exterior estadounidense del American Foreign Policy Council, explicó a Deutsche Welle que Trump respaldó tanto a Jair Bolsonaro como a su hijo Flávio y que no simpatiza con Lula. Según el analista, la relación entre Washington y Brasilia será, en el mejor de los casos, fría.

Vučić pierde un aliado europeo relevante

La derrota del bloque de Aleksandar Vučić representa otro revés para Trump. El dirigente serbio había construido una relación cercana con el presidente estadounidense y se presentaba como un socio importante de Washington en los Balcanes.

La victoria de la Lista de Estudiantes refleja el peso de una movilización que cuestionó al Gobierno serbio y reclamó cambios políticos. El resultado también muestra que los gobiernos con una orientación nacionalista o conservadora no son inmunes al desgaste interno.

Vučić atribuyó la derrota a una supuesta intervención extranjera y mencionó la posibilidad de que fuerzas vinculadas al llamado “Estado profundo” estadounidense hubieran influido en el resultado. Sin embargo, esas afirmaciones forman parte de su interpretación política de los comicios y no constituyen por sí mismas una prueba de interferencia electoral.

Vučić, aliado de Trump y cercano a Putin

La relación entre Donald Trump y Aleksandar Vučić se construyó sobre coincidencias políticas y una visión crítica de sectores de la política liberal europea. Vučić gobernó Serbia desde 2017 y, antes de los últimos comicios, aspiraba a convertirse en primer ministro.

En el pasado, el dirigente serbio afirmó que compartía con Trump una visión política similar. La relación se mantuvo activa durante y después de la campaña presidencial estadounidense de 2024. Donald Trump Jr. visitó Belgrado poco antes de aquellas elecciones y volvió a reunirse con Vučić algunos meses después.

Otro punto de coincidencia entre ambos dirigentes es su posición frente a Rusia. Vučić mantuvo una relación cercana con Moscú y se negó a respaldar las sanciones de la Unión Europea contra Rusia tras la invasión de Ucrania. Serbia continuó comprando materias primas rusas, mientras los medios estatales serbios presentaban a Rusia de manera más favorable que a la propia Unión Europea.

La política de Vučić hacia Moscú convirtió a Serbia en un socio particular para Occidente: candidato a la integración europea, pero al mismo tiempo cercano al Kremlin y reticente a aplicar sanciones contra el Gobierno de Vladimir Putin.

Trump también ha mostrado una relación cada vez más cordial con Moscú. Su enviado especial Steve Witkoff llegó a describir a Putin como un “amigo de la humanidad”, mientras que el propio presidente estadounidense afirmó que se entiende mejor con el mandatario ruso que con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.

Esta proximidad con Moscú ayuda a explicar por qué la derrota política de Vučić puede afectar la estrategia internacional de Trump. El presidente estadounidense no solo pierde a un aliado europeo, sino también a un dirigente que ocupaba una posición relevante en el equilibrio entre Rusia, la Unión Europea y los Balcanes.

La relación, sin embargo, no debe interpretarse como una alianza formal entre Trump, Vučić y Putin. Se trata de coincidencias políticas y diplomáticas en torno a la soberanía nacional, la crítica a determinadas instituciones occidentales y una mayor disposición al diálogo con Moscú.

Netanyahu enfrenta un escenario más difícil

Benjamin Netanyahu no perdió necesariamente el poder, pero su posición política quedó debilitada después de que el Likud no alcanzara una mayoría suficiente tras las elecciones celebradas en Israel el 27 de octubre.

El primer ministro israelí es uno de los aliados internacionales más cercanos de Trump. Ambos dirigentes han mantenido una relación política estrecha y comparten posiciones duras frente a Irán, los movimientos islamistas y la política regional de Oriente Medio.

Como antecedente de esa relación, Deutsche Welle informó sobre la decisión de Estados Unidos de unir su embajada y su consulado en Jerusalén en una única misión diplomática. La medida formó parte del respaldo político de Trump a Israel y tuvo un fuerte significado dentro del conflicto sobre el estatus de la ciudad.

El debilitamiento electoral de Netanyahu obliga ahora a negociar apoyos parlamentarios y puede limitar su capacidad para avanzar con algunas de sus prioridades. También abre interrogantes sobre la estabilidad de su Gobierno y sobre la posibilidad de que nuevos actores obtengan mayor influencia en la política israelí.

Para Trump, el resultado supone otro problema de imagen. Sus principales aliados extranjeros enfrentan derrotas, protestas o dificultades para consolidar mayorías, justo cuando el presidente estadounidense intenta presentar su agenda internacional como un modelo para la derecha global.

Las elecciones extranjeras no predicen el resultado en Estados Unidos

Las derrotas de los aliados de Trump no permiten anticipar automáticamente el resultado de las elecciones intermedias estadounidenses. Cada país enfrenta problemas propios y los votantes suelen decidir con base en asuntos internos como la inflación, la seguridad, el empleo, la corrupción y la calidad de los servicios públicos.

Brasil no votó únicamente sobre la relación con Trump. Serbia tampoco celebró un referéndum sobre la política exterior de Estados Unidos. Del mismo modo, los comicios israelíes responden a una combinación de seguridad, economía, liderazgo y alianzas parlamentarias.

La comparación internacional puede ser útil para medir tendencias políticas, pero no debe confundirse con una encuesta sobre el futuro electoral estadounidense.

El lenguaje del fraude vuelve a aparecer

Un elemento común en las reacciones de algunos dirigentes derrotados ha sido el cuestionamiento de los resultados y la referencia a una posible intervención externa.

Ese discurso permite mantener cohesionadas a las bases políticas después de una derrota, pero también puede debilitar la confianza en las instituciones electorales. Cuando un candidato rechaza el resultado sin presentar pruebas verificables, la disputa puede prolongarse más allá de la jornada de votación.

Trump ha utilizado ese lenguaje para describir las elecciones brasileñas. Vučić, por su parte, también atribuyó su revés a factores externos. Las acusaciones tienen efectos diferentes en cada país, pero forman parte de un patrón político en el que la derrota se presenta como consecuencia de una conspiración y no como resultado de una decisión ciudadana.

El desafío republicano antes de las elecciones intermedias

Las elecciones del 3 de noviembre serán la primera gran prueba nacional para el Gobierno de Trump desde su regreso a la Casa Blanca. Los republicanos intentarán conservar el control de la Cámara de Representantes y el Senado, mientras los demócratas buscarán aprovechar el desgaste del presidente y las divisiones internas del Partido Republicano.

Los resultados internacionales pueden influir en el debate político, aunque difícilmente serán el factor principal para la mayoría de los votantes estadounidenses. La oposición puede utilizar las derrotas de Bolsonaro, Vučić y los aliados de Netanyahu para argumentar que el modelo trumpista pierde respaldo fuera de Estados Unidos.

La Casa Blanca, en cambio, probablemente presentará cada caso como un conflicto específico y atribuirá los resultados a circunstancias locales.

Panorama poco alentador para Trump

La derrota de Vučić priva a Donald Trump de un aliado importante en Europa, mientras que la victoria de Lula mantiene en el poder a un dirigente con quien el presidente estadounidense mantiene una relación compleja. Desde la perspectiva de Washington, ninguno de los dos resultados representa una ganancia política.

Sin embargo, el impacto de estos comicios sobre las elecciones legislativas estadounidenses podría ser limitado. Lawrence J. Haas considera que los votantes de Estados Unidos decidirán principalmente a partir de los problemas que afectan de manera directa su vida cotidiana y de la evaluación que hagan del partido actualmente en el poder.

“Los estadounidenses votarán en función de cuestiones que afectan directamente sus vidas y de cómo perciban al partido que actualmente está en el poder”, explicó Haas.

El analista también señaló que la situación interna de Trump tampoco parece especialmente favorable antes de las elecciones intermedias. Según Haas, el presidente registra los índices de aprobación más bajos para un mandatario antes de unas elecciones de medio mandato desde Harry Truman, en 1946.

La presión económica figura entre las principales preocupaciones del electorado. Haas indicó que los estadounidenses están especialmente atentos a cuánto pueden gastar, una inquietud que puede influir más en su decisión de voto que las derrotas de los aliados de Trump en el extranjero.

El especialista también mencionó el rechazo de una parte de la población a la guerra de Estados Unidos contra Irán. Esa combinación de preocupación económica y desacuerdo con la política exterior podría convertirse en un problema para los republicanos si los votantes utilizan las elecciones legislativas para expresar su desaprobación del Gobierno.

El resultado internacional, por tanto, puede ser políticamente incómodo para Trump, pero la verdadera prueba se definirá dentro de Estados Unidos. La economía, la aprobación presidencial y la percepción sobre las decisiones de la Casa Blanca tendrán más peso que las derrotas de sus aliados en Brasil, Serbia o Israel.

Trump conserva influencia, pero enfrenta límites

Los resultados electorales no demuestran que Trump haya perdido toda su influencia internacional. El presidente mantiene vínculos con movimientos conservadores, capacidad para marcar la agenda política y una base de apoyo significativa dentro de Estados Unidos.

Sin embargo, las derrotas de sus aliados muestran los límites de ese poder. Un respaldo internacional puede aportar visibilidad, legitimidad y recursos políticos, pero no sustituye el trabajo territorial, la situación económica ni la percepción que los ciudadanos tienen de sus propios gobiernos.

La política exterior de Trump puede fortalecer a determinados dirigentes, pero también puede convertirse en un elemento incómodo cuando esos aliados pierden. En esos casos, el resultado extranjero deja de ser una victoria diplomática y se transforma en una prueba sobre el alcance real de su influencia.

Conclusión

Trump observa con preocupación una serie de resultados electorales que afectan a dirigentes cercanos a su proyecto político. Flávio Bolsonaro perdió frente a Lula, el bloque de Aleksandar Vučić retrocedió en Serbia y Benjamin Netanyahu quedó en una posición más vulnerable en Israel.

Los comicios no permiten anticipar qué ocurrirá en las elecciones intermedias de Estados Unidos, pero sí ofrecen una imagen menos favorable para la estrategia internacional del presidente.

Trump conserva aliados y capacidad de presión. Lo que los resultados recientes ponen en duda es su capacidad para convertir ese respaldo en victorias electorales. Antes de las elecciones del 3 de noviembre, esa diferencia puede ser políticamente relevante: tener influencia no significa controlar el resultado.

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