La relación entre China y Corea del Norte vuelve a ocupar el centro de la geopolítica asiática tras la visita del presidente chino Xi Jinping a Pyongyang para reunirse con Kim Jong-un. Aunque ambos gobiernos suelen presentarse como aliados históricos unidos por una amistad «forjada en sangre», la realidad es mucho más compleja: cooperación estratégica, dependencia económica, rivalidad silenciosa y desconfianza mutua han marcado sus vínculos durante décadas.
La visita de Xi, la primera a Corea del Norte desde 2019, se produce en un momento especialmente delicado. Pekín observa con creciente preocupación el fortalecimiento de los lazos entre Pyongyang y Moscú, mientras intenta reafirmar su influencia sobre un vecino que considera esencial para su seguridad nacional.
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El origen de la relación entre China y Corea del Norte
Los lazos entre ambos países nacieron durante la Guerra de Corea (1950-1953), cuando China intervino militarmente para evitar la derrota del régimen norcoreano frente a las fuerzas respaldadas por Estados Unidos y Naciones Unidas.
Desde entonces, ambos gobiernos han mantenido una estrecha cooperación política y militar. La guerra sigue siendo considerada uno de los acontecimientos más importantes de la historia moderna de Asia, según recoge la Encyclopaedia Britannica.
La alianza quedó formalizada mediante un tratado de defensa mutua firmado en 1961, el único acuerdo militar de este tipo que China mantiene actualmente con otro Estado. El pacto establece asistencia recíproca en caso de agresión externa y este año cumple 65 años de vigencia.
Por qué la relación entre China y Corea del Norte sigue siendo estratégica
Para Pekín, Corea del Norte cumple una función geopolítica fundamental. El régimen de Kim Jong-un actúa como un Estado amortiguador entre China y Corea del Sur, donde permanecen desplegadas decenas de miles de tropas estadounidenses.
La existencia de Corea del Norte reduce el riesgo de que la presencia militar de Washington se acerque aún más a las fronteras chinas. Además, Pekín teme que un eventual colapso del régimen provoque una crisis humanitaria, millones de refugiados y una profunda inestabilidad regional.
Por ello, aunque China suele mostrar incomodidad frente a las pruebas nucleares norcoreanas, tampoco está dispuesta a ejercer una presión que pueda poner en riesgo la supervivencia del régimen.
Kim Jong-un desafió a Xi Jinping durante años
La llegada de Kim Jong-un al poder marcó una etapa complicada para la relación bilateral. Durante sus primeros años como líder norcoreano aceleró el desarrollo nuclear y supervisó decenas de pruebas de misiles balísticos que generaron preocupación en Pekín.
La ejecución en 2013 de Jang Song Thaek, considerado uno de los dirigentes más cercanos a China dentro del régimen, agravó aún más el distanciamiento.
La respuesta de Xi Jinping fue significativa. En 2014 visitó Corea del Sur antes que Corea del Norte, un gesto diplomático interpretado ampliamente como un desaire hacia Pyongyang.
Las tensiones llegaron a tal punto que medios oficiales norcoreanos calificaron a China como una nación «traidora» y «enemiga», algo prácticamente impensable años atrás.
La relación entre China y Corea del Norte frente al avance de Rusia
El principal desafío para Pekín en la actualidad es el creciente acercamiento entre Corea del Norte y Rusia. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, Pyongyang ha profundizado significativamente su cooperación con Moscú.
La relación alcanzó un nuevo nivel con la firma de un acuerdo de defensa mutua entre Kim Jong-un y Vladimir Putin durante la visita del líder ruso a Corea del Norte en 2024.
Investigaciones citadas por la BBC indican que miles de soldados norcoreanos han participado junto a fuerzas rusas en Ucrania y que Pyongyang habría suministrado municiones a Moscú a cambio de petróleo, asistencia económica y cooperación tecnológica.
Para China, el problema es evidente: un Kim Jong-un más cercano a Putin significa un Kim Jong-un menos dependiente de Pekín.
Xi Jinping busca recuperar influencia sobre Kim Jong-un
La visita de Xi Jinping puede interpretarse como un intento de reafirmar la posición de China como principal socio estratégico de Corea del Norte.
Pekín sigue siendo el mayor socio comercial del régimen norcoreano. Las exportaciones chinas hacia Corea del Norte alcanzaron aproximadamente US$2.300 millones durante el último año, el nivel más alto registrado en seis años.
Además, la reanudación de servicios ferroviarios entre ambos países tras la pandemia es vista como una señal de acercamiento cuidadosamente planificada.
Expertos del Carnegie Endowment for International Peace consideran que China intenta evitar que Corea del Norte reduzca aún más su dependencia económica y estratégica de Pekín.
Una alianza marcada por la desconfianza mutua
Aunque ambos gobiernos destacan constantemente su amistad histórica, la confianza nunca ha sido absoluta.
China considera que Corea del Norte es un activo estratégico indispensable, pero también una fuente constante de problemas debido a sus ensayos nucleares y provocaciones militares.
Por su parte, Kim Jong-un necesita el respaldo económico chino, pero tampoco desea quedar completamente subordinado a los intereses de Pekín.
La relación se sostiene más por conveniencia mutua que por afinidad ideológica.
¿Qué busca China con esta visita a Pyongyang?
Más allá de los discursos oficiales sobre amistad y cooperación, la visita de Xi Jinping responde a una lógica profundamente estratégica.
Pekín busca evitar que Rusia se convierta en la principal influencia sobre Corea del Norte y quiere conservar capacidad de maniobra en cualquier negociación futura relacionada con la seguridad de la península coreana.
Analistas del Center for Strategic and International Studies (CSIS) consideran que una alianza más estrecha entre Moscú y Pyongyang podría alterar el equilibrio estratégico en Asia Oriental y fortalecer la cooperación militar entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur.
Una amistad basada en intereses
La relación entre China y Corea del Norte ha sobrevivido guerras, sanciones internacionales, crisis económicas y cambios generacionales en el liderazgo de ambos países.
Sin embargo, la visita de Xi Jinping demuestra que detrás de la retórica sobre la amistad histórica persiste una realidad mucho más compleja.
China necesita a Corea del Norte como amortiguador estratégico frente a Estados Unidos. Corea del Norte necesita a China para sostener su economía y evitar un aislamiento aún mayor.
La desconfianza mutua sigue presente, pero ambos gobiernos continúan convencidos de que los beneficios de mantener la relación superan los costos de romperla. Esa mezcla de cooperación y rivalidad explica por qué, más de siete décadas después de la Guerra de Corea, esta sigue siendo una de las alianzas más importantes y complejas de Asia.
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