San José llevó ante la Asamblea General su respaldo a Rebeca Grynspan y vinculó su candidatura con una discusión más amplia: cómo recuperar la confianza en el multilateralismo en un escenario internacional marcado por la polarización.
Una candidatura que busca respaldo más allá de la región
Durante su intervención en el 81.º período de sesiones de la Asamblea General, el representante permanente de Costa Rica ante la ONU, Boris Marchegiani Carrero, defendió la candidatura de Grynspan para dirigir el organismo.
El pronunciamiento coloca a Costa Rica en el centro de una disputa diplomática que apenas comienza. El país no solo necesita presentar las credenciales de su candidata; también debe sumar apoyos entre gobiernos con prioridades, intereses y visiones geopolíticas distintas.
Como explicamos en una entrega anterior, la eventual candidatura coloca al país centroamericano en un escenario poco habitual: competir por el liderazgo político de la institución multilateral más importante del mundo.
Experiencia para una institución bajo presión
Marchegiani destacó la trayectoria política, económica y multilateral de Grynspan. A su juicio, ese recorrido le permitiría comprender las complejidades de la organización y, al mismo tiempo, impulsar cambios en su funcionamiento.
“Conoce las Naciones Unidas desde el interior y desde fuera. Entiende que conocer una institución íntimamente y servirla también implica tener el coraje de reformarla”, afirmó el diplomático. Con esa descripción, Costa Rica presenta a Grynspan como una figura familiarizada con el sistema, pero no atada a sus inercias.
El reclamo por una mujer latinoamericana
La propuesta costarricense también apela a la representación regional y al liderazgo femenino. “Costa Rica firmemente cree que la próxima secretaria general debe ser una mujer latinoamericana. Más que eso, debe ser Rebeca Grynspan”, sostuvo Marchegiani ante el plenario.
El argumento reúne dos demandas: ampliar el peso de América Latina en las decisiones globales y avanzar hacia una mujer al frente de la máxima estructura política de la ONU. Convertir esas razones en votos, sin embargo, exigirá una estrategia diplomática capaz de superar rivalidades y cálculos nacionales.
Una ONU más eficaz para un mundo fragmentado
El embajador describió el momento actual como una etapa de “fragmentación profunda” y “polarización”, en la que la confianza en el multilateralismo pierde terreno. Costa Rica sostiene que la respuesta no consiste en abandonar la cooperación, sino en renovar las instituciones que deben hacerla posible.
Por eso, Marchegiani reiteró la apuesta por una ONU “más ágil, eficiente, transparente y responsable”. La frase resume el eje reformista que San José asocia con la candidatura: recuperar credibilidad, mejorar la capacidad de respuesta y acercar la organización a los problemas concretos de las sociedades.
Seguridad regional y amenazas que cruzan fronteras
El discurso incluyó una advertencia sobre el crimen organizado transnacional, el tráfico de drogas y los riesgos vinculados con la inteligencia artificial. Para Costa Rica, estos desafíos requieren coordinación internacional porque ningún país puede enfrentarlos por separado.
Marchegiani también denunció el impacto del “minado ilegal” en la frontera con Nicaragua. Lo calificó como un desastre ambiental con consecuencias para la seguridad regional y la salud pública, y planteó que la protección del ambiente forma parte de cualquier política seria de estabilidad.
Además, expresó la “grave preocupación” de Costa Rica por la situación política y de derechos humanos en Nicaragua, Cuba y Venezuela. “No puede haber seguridad duradera en un mundo en el que vemos la erosión de las instituciones democráticas”, afirmó.
La tradición pacifista como argumento diplomático
En la parte final de su intervención, el embajador recordó que Costa Rica abolió su ejército hace más de siete décadas. “Hicimos eso porque creíamos que la ley internacional podía ofrecer más seguridad que armas”, explicó.
Desde esa experiencia, Marchegiani reivindicó una política exterior basada en la negociación. Costa Rica, dijo, continuará “construyendo puentes, creando consensos y defendiendo la convicción de que el diálogo será más poderoso que las beligerancias”. El mensaje conecta la identidad pacifista del país con su defensa de una ONU reformada y con el apoyo a Grynspan.
El desafío: transformar el respaldo en consenso
Una candidatura con experiencia y respaldo regional puede abrir una conversación, pero no garantiza la elección. El proceso dependerá de la capacidad para articular una coalición amplia y responder a asuntos como los conflictos armados, la gobernanza global, la migración, el desarrollo sostenible y las emergencias internacionales.
La candidatura de Grynspan también funcionará como una prueba para América Latina. Si los gobiernos de la región coordinan posiciones y sostienen una estrategia común, podrán aumentar su influencia. Si prevalecen las divisiones, la oportunidad de proyectar un liderazgo regional perderá fuerza.
Conclusión
Costa Rica presentó a Rebeca Grynspan como una candidata con experiencia, visión regional y disposición para reformar la ONU. Su propuesta combina mayor eficacia institucional con una defensa firme del derecho internacional, la democracia y el diálogo. El siguiente paso será convertir ese mensaje en una red de apoyos capaz de competir por un consenso internacional.
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