Nayuribe Guadamuz pide no politizar los faroles del 14 de septiembre

Nayuribe Guadamuz pide no politizar los faroles del 14 de septiembre
La diputada Nayuribe Guadamuz pidió preservar el carácter cívico y educativo de los faroles del 14 de septiembre.

La diputada de Pueblo Soberano, Nayuribe Guadamuz, hizo un llamado a preservar el carácter cívico y estudiantil de la celebración de los faroles del 14 de septiembre, en el marco de las actividades por la Independencia.

La solicitud ocurre después de que sectores de la oposición plantearan utilizar la tradicional actividad para manifestarse contra el Gobierno. El señalamiento introduce una tensión política en una celebración asociada históricamente con la memoria nacional, la participación estudiantil y la transmisión de valores cívicos.


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La disputa no es solo por una tradición: también es por el significado del espacio público

El debate refleja cómo las celebraciones patrias pueden convertirse en escenarios de disputa política. Para la oposición, la actividad podría representar una oportunidad de expresión pública; para Guadamuz, existe el riesgo de desplazar el sentido original de una tradición vinculada con la Independencia y la identidad nacional.

La diferencia es relevante porque los faroles no son únicamente un acto protocolario. Su valor reside en la participación de estudiantes, familias y comunidades, así como en la manera en que una fecha histórica se convierte en una experiencia compartida entre generaciones.

Guadamuz reivindica el origen histórico de los faroles

La legisladora, quien también se identificó como educadora, recordó el relato de los mensajeros que trasladaron de noche la noticia de la Independencia de España, pueblo por pueblo y comunidad por comunidad, en septiembre de 1821.

“Un farol es precisamente nuestra patria, nuestra libertad, nuestra esperanza y esa unión”, afirmó Guadamuz al explicar el simbolismo que atribuye a la celebración.

Su argumento busca colocar el énfasis en la dimensión histórica de la actividad: la luz como representación de una noticia que recorrió el territorio y como símbolo de una comunidad que comparte una memoria común.

Una tradición estudiantil que el Gobierno pide mantener al margen de la confrontación

Guadamuz también destacó que la tradición estudiantil se consolidó desde 1953 y sostuvo que debe ser respetada como legado nacional.

“Una tradición histórica que representa nuestra Independencia y que también representa una tradición estudiantil desde 1953, debe respetarse como legado, debe cultivarse, debe protegerse”, expresó.

La diputada agregó que la celebración constituye una experiencia educativa que niños y jóvenes viven desde materno, comparten de manera sana y relacionan con el patriotismo y el civismo.

“Es una experiencia educativa que nuestros niños, nuestros jóvenes, desde materno, realizan, viven, comparten desde una forma sana, desde una forma llena de patriotismo y de civismo”, afirmó.

Desde esa perspectiva, Guadamuz sostuvo que el significado de los faroles también se construye en los hogares y en las comunidades, donde las familias han cultivado la tradición a lo largo del tiempo.

“El farol es la luz, como lo dije, que representa a nuestra patria. Por eso como educadora también me manifiesto de una forma enérgica, porque no podemos permitir que se instrumentalice, que se politice la celebración de los faroles”, agregó.

La posición plantea una pregunta de fondo: ¿puede una celebración patriótica conservar su carácter cívico cuando distintos sectores intentan utilizarla para transmitir mensajes políticos? La respuesta dependerá, en parte, de si las manifestaciones se desarrollan sin impedir la participación de la ciudadanía ni alterar el sentido central de la actividad.

Guadamuz pide a las familias proteger el carácter cívico de la celebración

En su llamado, la diputada pidió “custodiar de una forma respetuosa” la noche de los faroles y solicitó a los padres de familia no involucrarse en movimientos que, según afirmó, buscan convertir la actividad en un espacio de confrontación política.

Guadamuz calificó esas iniciativas como movimientos “activistas, izquierdistas” y sostuvo que pretenden “darle un tono oscuro” a una celebración que describió como solemne e importante para la educación nacional. Sus palabras incorporan una dimensión partidaria más explícita al debate, al vincular las propuestas de protesta con una caracterización ideológica de sus impulsores.

La legisladora también pidió a la niñez y a los jóvenes no dejarse manipular, y llamó a los padres a resguardar la actividad como una tradición trabajada en escuelas, instituciones y hogares.

“Hago un llamado respetuoso, hago un llamado de conciencia, hago un llamado a nuestra niñez, a nuestros jóvenes para que no se dejen manipular”, sostuvo.

“No ensuciemos” una celebración que Guadamuz presenta como patrimonio cívico

En el cierre de su intervención, Guadamuz pidió no “ensuciar” una actividad que, según afirmó, se ha realizado durante años de manera pacífica, respetuosa y con patriotismo.

“No ensuciemos un evento tan solemne, el cual nos ha permitido año con año, por mucho tiempo, por muchos años, hacerlo de una forma pacífica, respetuosa, con amor, con civismo, con devoción, con defensa a nuestra Costa Rica”, manifestó.

La diputada sostuvo además que los educadores han defendido ese momento y que no debe utilizarse a la niñez para fines políticos. Su planteamiento ubica a las escuelas y a las familias como guardianas de una tradición que, en su interpretación, debe permanecer separada de la confrontación partidaria.

“Les pido, por favor, que tomemos en cuenta que ese momento es un momento que nosotros, los educadores, hemos defendido y no vamos a permitir que se politice, que se instrumentalice y que se utilicen estos espacios con nuestra niñez”, concluyó.

Finalmente, llamó a vivir la noche de los faroles como se ha hecho tradicionalmente: como una actividad cívica, familiar y educativa.

El desafío será separar la protesta legítima de la apropiación partidaria

La discusión no elimina el derecho de los grupos políticos y ciudadanos a expresar su desacuerdo con el Gobierno. Sin embargo, sí pone sobre la mesa la necesidad de diferenciar entre una protesta legítima y la apropiación partidaria de una tradición que pertenece a la sociedad en su conjunto.

En ese equilibrio estará el principal desafío de la celebración. Los faroles pueden seguir siendo un espacio de memoria, educación y encuentro, incluso en un contexto de polarización, siempre que las distintas expresiones públicas respeten la participación de quienes desean conmemorar la Independencia sin convertir el acto en una extensión de la disputa electoral.

Los faroles llegan a una celebración marcada por la polarización

El llamado de Nayuribe Guadamuz muestra que las celebraciones de la Independencia no ocurren en un vacío político. También son escenarios donde se define qué símbolos representan a la nación y quién tiene autoridad para interpretarlos.

La controversia, por tanto, no se limita a la agenda de un 14 de septiembre. Expone una disputa más amplia por el relato nacional: entre quienes buscan preservar los rituales patrios como espacios comunes y quienes consideran que esos mismos espacios pueden servir para expresar el malestar político del momento.

El resultado dependerá de la conducta de todos los actores. Proteger la tradición no debería significar silenciar el desacuerdo, pero ejercer la protesta tampoco tendría que implicar despojar a la ciudadanía de una celebración que, por su historia y su dimensión estudiantil, trasciende a cualquier Gobierno o partido.

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