La presidenta de la República, Laura Fernández, defendió su política de mano dura contra la delincuencia y el crimen organizado, pero aseguró que la seguridad no puede desvincularse de la educación, la prevención y la formación en valores.
La mandataria pronunció estas declaraciones durante la inauguración de la restauración de la escuela Ascensión Esquivel Ibarra, en Liberia. El escenario educativo sirvió para presentar una idea central de su discurso: el Gobierno pretende combinar la respuesta inmediata contra el crimen con una inversión de largo plazo en las nuevas generaciones.
Leer También:
- Laura Fernández llama “terroristas políticos” a sus adversarios por el conflicto eléctrico
- Encuesta: Laura Fernández mantiene un respaldo del 72,8% tras cinco meses de gestión
Fernández niega una disputa con el Poder Judicial
Fernández rechazó las críticas de quienes sostienen que su administración busca confrontar al Poder Judicial o reducir su política de seguridad a la construcción de cárceles y el arresto de personas.
«Yo no quiero pelear con el Poder Judicial, yo lo que quiero es que trabajen, que hagan bien su trabajo».
La presidenta sostuvo que Costa Rica todavía está a tiempo de evitar el deterioro de la seguridad que han experimentado otros países. En ese contexto, afirmó que continuará comunicando su posición de forma directa y responsabilizó a gobiernos anteriores por el escenario actual.
«Son los gobiernos del pasado los que definitivamente dejaron que Costa Rica se metiera en este atolladero de seguridad en el que estamos. Así que mientras yo sea su presidenta, les voy a seguir hablando con la verdad, con transparencia, de manera clara y directa».
La seguridad como respuesta inmediata
Fernández reconoció que a su Gobierno le corresponde invertir en medidas de seguridad para retirar de las calles a quienes cometen delitos.
«A mí me está tocando invertir en mano dura, sí, señores, porque a esos maleantes hay que sacarlos de circulación y meterlos a la cárcel».
La afirmación resume el componente coercitivo de la estrategia defendida por la mandataria: una mayor intervención del Estado frente a la delincuencia y el crimen organizado. Sin embargo, su discurso no presentó la seguridad como una política aislada, sino como una respuesta que debe acompañarse de prevención.
Educación y prevención para evitar nuevos ciclos de violencia
Desde una escuela restaurada, Fernández vinculó la inversión educativa con la seguridad futura. Su argumento es que las decisiones tomadas hoy en los centros educativos pueden influir en el tipo de sociedad que Costa Rica tendrá dentro de varias décadas.
«Pero a la vez, hay que invertir en estos niños, en estas escuelas, en estos centros educativos, en recuperar los valores para que dentro de 35 años ninguno de estos chiquitos se convierta en el próximo Diablo que vaya para el CACCO».
La presidenta también cuestionó a quienes atribuyen a su administración un supuesto abandono de la educación tras apenas cinco meses de gestión. En tono crítico, preguntó si las consecuencias de problemas acumulados durante años pueden atribuirse exclusivamente al Gobierno actual.
«¿Será que es Laura Fernández, presidenta de la República, o Rodrigo Chaves, expresidente de la República? ¿Somos los responsables de que al Diablo lo tengamos preso en La Reforma? ¿Era yo presidenta de la República cuando el Diablo tenía que estar sentado en una escuela?».
Un discurso que une castigo y prevención
El planteamiento de Fernández intenta responder a dos exigencias que suelen aparecer separadas en el debate público: la necesidad de actuar contra quienes ya cometen delitos y la obligación de evitar que nuevos jóvenes ingresen a las redes criminales.
La mandataria afirmó que el país tiene generaciones que se perdieron, pero también defendió la posibilidad de corregir el rumbo mediante una combinación de seguridad, educación y recuperación de valores.
«Tenemos generaciones de gente que se perdió, pero en las manos de todo el noble y bueno y trabajador pueblo de Costa Rica está el poner a nuestro país al día para establecer mano dura contra quienes causan daño, pero también un futuro brillante de felicidad y de prosperidad para nuestras presentes y futuras generaciones».
El desafío de convertir el discurso en resultados
El discurso plantea una tarea compleja: sostener una política firme contra el crimen sin descuidar la educación y la prevención. La primera ofrece una respuesta inmediata ante la inseguridad; la segunda exige continuidad, recursos y resultados que solo pueden medirse con el paso del tiempo.
En Liberia, Fernández presentó ambas dimensiones como parte de una misma estrategia. Su mensaje final apeló a la responsabilidad colectiva y cerró con una bendición para la comunidad y el país: «Que Dios bendiga Liberia y que Dios bendiga a toda Costa Rica».
Be the first to comment